Hace bastante tiempo que no hago ninguna entrada en mi blog.
La verdad es que ando bastante ocupada ahora que es temporada alta en el trabajo. Renfe tampoco es que me haya simplificado este mes de agosto, ni a mí n a ninguna de las personas que trabajamos durante este mes gracias al cubrimiento de las vías de la Estación de Sants. Una auténtica carrera de obstáculos a superar de ida y de regreso al trabajo: tren, ferrocarril, metro tramo a pie... puedo coger el bus también si quiero, pero después de tanto tiempo encerrada entre las juventudes del "papa" abarrotando el metro en su peregrinaje hasta Madrid, los turistas con sus mapas y sus guías de Barcelona en mano (que se pierden camino de Sitges) y las caras del resto de gente que trabaja durante el mes de agosto (que en vez de tener sangre en las venas a la hora de hacer los cambios de transporte parece que tengan horchata)... la verdad es que se agradecen 15 minutos dedicados a ti misma a respirar del fabuloso aire contaminado de la Diagonal, pero al fin y al cabo la calle tiene mejor olor que el subsuelo y sus multitudes.
Y después de todo este "ladrillo" que acabo de soltar... ¿no os habéis parado a pensar por qué el tiempo pasa tan rápido a veces y se hace eterno en otras ocasiones?
El tiempo pasa demasiado lento cuando estás pasando una situación bochornosa, cuando estás ante un apuro que no sabes como solucionar, cuando esperas a que llegue el día en que coges las vacaciones, cuando de repente sufres una crisis de ansiedad y quieres salir corriendo de donde estés atrapado y no puedes...
Sin embargo, cuando realmente disfrutamos de lo que hacemos el tiempo pasa en un suspiro, cuando estás de cervecitas con los amigos intentando arreglar el mundo, cuando es tu día libre y en mi caso cuando me pongo a escribir. ¿Por qué no podría ser al revés? ¿Por qué no podemos disfrutar durante más tiempo los momentos que nos hacen felices y hacer más fugaces los momentos más tristes?
¿No habéis pensado alguna vez que quizás tenemos una edad que no nos corresponde?
Hay veces en las que actuamos de una forma más irresponsable y otras en las que nos recordamos a nuestros propios padres.
¿Cuántos de vosotros no habéis pensado: si pudiera volver atrás viviría mi juventud de otra manera?
Tenemos una edad en la que somos conscientes de los errores que hemos cometido en el pasado y somos capaces de detectar un problema antes de que éste se cree y poder evitarlo, en la mayoría de ocasiones.
Sólo os recuerdo una cosa: el tiempo está pasando mientras leéis estas letras y sólo vosotros podéis elegir como gastarlo y disfrutar al máximo de él.
Yo por mi parte continuaré escribiendo, y tú?
CARPE DIEM
